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Integrar la catalogación con IA a tu catálogo (ILS): cargar registros y mantener la jerarquía

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Janium Collect produce registros: lee los documentos de un acervo y entrega fichas estructuradas en el formato que la institución usa —MARC21, ISAD-G, Dublin Core, CDWA. Pero un registro suelto no es un catálogo. El catálogo es donde esos registros se consultan, se relacionan entre sí y, sobre todo, donde alguien que sabe catalogar los revisa y los corrige. Generar el registro es una parte; la otra es cómo llega al catálogo —y, en un archivo con jerarquía, qué hay que hacer cuando el catalogador corrige un registro que cuelga de un fondo.

Cómo llegan los registros al catálogo

Hay dos maneras de llevar los registros de Collect al sistema de catálogo, y cuál conviene depende de cómo esté montada la institución y de qué exponga su catálogo. No hay que elegir una como “la correcta”; son respuestas a situaciones distintas.

La primera es la sincronización directa vía API, lo que llamamos modo conectado. Collect envía los registros al catálogo a través de su interfaz de servicios. Es el camino más inmediato: cuando el catálogo está accesible en red y ofrece los puntos de entrada necesarios, los registros se propagan con poca demora. Encaja bien cuando ambos sistemas conviven en la misma infraestructura o hay conectividad estable entre ellos.

La segunda es el intercambio por archivos sobre SFTP, mediante el plugin Janium. En lugar de llamadas en vivo, Collect deposita los registros como paquetes en una carpeta que el catálogo recoge, y el catálogo devuelve una confirmación de lo que procesó. Este camino sirve cuando no hay —o no se quiere— una conexión directa entre los dos sistemas: el archivo es la frontera, y cada lado la cruza a su ritmo. A cambio de esa independencia, tiene su propia latencia: los paquetes viajan en los ciclos de subida, recogida y sondeo que se hayan configurado.

La vuelta existe para mantener la jerarquía

Para la mayoría de los registros, cargarlos es el final del trayecto. El catalogador los revisa y los corrige en el catálogo, y ahí queda: una monografía en MARC, una ficha en Dublin Core, una obra en CDWA son registros independientes, y una vez cargados el catálogo es la autoridad. Collect no necesita enterarse de esas correcciones, y de hecho puede purgar esos registros cuando el trabajo termina.

Hay un caso en que sí importa que la corrección regrese: los archivos jerárquicos descritos en ISAD-G. Ahí los registros no son independientes: cuelgan de una estructura de fondo, sección y serie, y parte de la descripción de los nodos superiores se arma subiendo lo que comparten los documentos que cuelgan de ellos —el bubble-up—. Si el catalogador corrige un dato de un documento que participa en ese ascenso, el nodo superior queda desfasado respecto de sus hijos.

Por eso, en un archivo jerárquico, la corrección hecha en el catálogo vuelve a Collect, que la aplica sobre su copia y recalcula la jerarquía: vuelve a subir a los nodos padre lo que corresponde, de modo que el fondo y la serie sigan reflejando a los documentos que contienen. Ese recálculo del bubble-up es la razón de que Collect conserve los registros del archivo mientras está activo, y de que exista el tramo de vuelta. En un catálogo plano, sin jerarquía que recalcular, no hay nada que sostener de este lado.

Qué vuelve, y qué hace Collect con ello

Una corrección es un cambio puntual sobre un registro identificado: actualizar el valor de un campo, eliminar un dato que sobraba, agregar uno que faltaba. Cada registro viaja con un identificador que ambos sistemas reconocen, de modo que la corrección se aplica sobre el registro correcto y no sobre otro parecido.

Cuando esa corrección llega a Collect, reemplaza la copia local del registro —el catalogador es la autoridad, no se vuelve a procesar con el modelo—, se reindexan los datos derivados que dependen de él, como las personas y las fechas, y se recalcula el bubble-up de los nodos de los que ese documento forma parte. El efecto es que la revisión humana hecha en el catálogo no se queda solo arriba: la descripción del fondo y de la serie sigue coherente con la de sus documentos, sin que nadie tenga que rehacerla a mano.

Límites

Este mecanismo depende de que el catálogo destino exponga la interfaz correspondiente. Para la sincronización vía API, el catálogo tiene que ofrecer los puntos de entrada para recibir registros y emitir correcciones. Para el intercambio por archivos, hace falta el espacio SFTP acordado y que el catálogo genere las confirmaciones y las correcciones en el formato esperado. Con un catálogo que no expone ninguna de las dos cosas, Collect igual produce los registros, pero la carga vuelve a ser un trabajo manual.

El tramo de vuelta, además, solo tiene sentido donde hay jerarquía que mantener. Para un acervo plano —bibliográfico, fototeca en Dublin Core, obra en CDWA— no hay bubble-up que recalcular: cargar el registro es todo, y la corrección vive en el catálogo. Prometer un “ciclo cerrado” ahí sería inventar un problema que ese acervo no tiene.

El otro límite es la latencia del canal de archivos. Si la institución necesita que una corrección se refleje en cuestión de segundos, el intercambio por archivos no es el camino; ahí conviene la vía API. Si los ciclos por lotes son aceptables —y para muchos flujos de catalogación lo son—, el canal de archivos ofrece a cambio no exigir una conexión directa entre los dos sistemas.

Para continuar la conversación

Si tu institución describe un archivo en ISAD-G y quiere que las correcciones de sus catalogadores se reflejen en la jerarquía sin rehacerla a mano, o si simplemente busca cargar al catálogo lo que Collect produce, la pregunta concreta es qué interfaz expone ese catálogo hoy —una API, un espacio de intercambio de archivos, o ninguna todavía— y si el acervo tiene jerarquía que mantener. De ahí depende qué integración aplica. Escríbenos a info@janium.com y lo revisamos sobre tu caso.