La preservación del patrimonio digital *
01/08/07 23:36
En noviembre de 2005 se celebró en La Haya la
conferencia Preserving the Digital Heritage:
Principles and Policies, patrocinada por la UNESCO y
Koninklijke Bibliotheek, con el objetivo de reunir
ideas y propuestas relacionadas con la preservación
de los archivos digitales.
Las intervenciones versaron sobre tres temas principales: qué se debe conservar para los futuros usuarios, qué soluciones existen para los diferentes tipos de objetos digitales y quiénes asumirán las funciones y responsabilidades respecto a la preservación digital.
William Uricchio, de Massachussets Institute of Technology, (Moving beyond the artifact: Lessons from participatory culture) realizó un análisis sobre cómo las nuevas tecnologías han transformado la manera de generar, distribuir y modificar la información.
Según Uricchio, los textos estables han dado paso a documentos elaborados de forma cooperativa y en continua evolución, y la cultura como conjunto de objetos jerarquizados a la cultura como práctica comunitaria.
Para él, la conservación del patrimonio requiere ir más allá de la preservación de materiales estáticos (equivalentes a los que se han custodiado hasta ahora), para intentar conservar el propio sistema de interacción, el cual es tan importante como los documentos a los que da lugar.
David Bearman, presidente de Archives & Museum Informatics (Why selection and digital preservation are an issue) opina que trasladar a estos nuevos materiales los procedimientos de selección, adquisición y custodia que se han aplicado tradicionalmente desde las instituciones de la memoria tiene poca efectividad y da lugar a procesos costosos, redundantes y sin resultados positivos.
Para Bearman, en el entorno digital la selección no tiene que ir unida a la custodia: se pueden almacenar de forma segura una serie de copias, distribuidas en red, y su migración puede llevarse a cabo de manera dispersa pero universal, mediante “virus virtuosos” respetuosos con el original.
Y aclara que esto deberá combinarse con la expansión del dominio público, con nuevos sistemas de propiedad intelectual y de licencias de uso.
Se debe diseñar el espacio y los medios para la preservación digital, es decir, una “ecología del patrimonio digital”.
La propuesta de John Mackenzie Owen de la Universidad de Amsterdam (Preserving the digital heritage: roles and responsibilities for heritage repositories), parte de la idea de que los objetos digitales presentan características radicalmente distintas al constituir una categoría diferenciada de las otras formas de patrimonio. Por ello, deberían depender de un nuevo tipo de entidad (no de bibliotecas, museos o archivos) cuya creación podría promover la propia UNESCO.
Catherine Lupovici, de International Internet Preservation Consortium (Web archiving and cultural heritage missions. To select or not to select?), explicó que las experiencias de recolección de sitios en la red muestran que
en la captura masiva es imposible procesar el contenido almacenado, mientras que en la recolección selectiva y temática el tratamiento es similar al proceso catalográfico tradicional, aunque salvan mucho menos material que la captura masiva.
Lo que Lupovici propone es el archivo masivo desde Internet, realizado mediante procedimientos automáticos, combinado con el depósito legal para los contenidos que no pueden capturarse porque no están libremente accesibles (Internet profunda).
Archivar a gran escala permitirá a los usuarios
futuros aplicar instrumentos de búsqueda a grandes
masas de información, posibilidad que desaparece si
se almacena a pequeña escala.
En cuanto a la preservación de las revistas electrónicas, Erik Oltmans (KB international e-Depot: An electronic archiving & preservation service) explicó cómo la Koninklijke Bibliotheek ha construido acuerdos con las varias editoriales de revistas electrónicas para conservar copia de sus productos.
Estas publicaciones deben incluirse en un sistema de depósito electrónico, con formatos estándar que permitan su preservación. Su custodia permite verificar su integridad y continuidad, restringiendo el acceso para no perjudicar a las editoriales. De esta forma se asegura a la comunidad científica que sus trabajos seguirán disponibles en el futuro, pues si la empresa dejara de ofrecerlos, la KB tendría derecho a distribuirlos.
Ute Schwens (Creating a network of roles and responsibilities for digital preservation in Germany- NESTOR) expuso las funciones de NESTOR, Network of Expertise in Long-Term Storage of Digital Resources. Con esta plataforma se podrá disponer de una red de información en torno a las actividades de preservación digital que permitirá poner en contacto a los distintos sectores implicados, dar a conocer los proyectos, estrategias y modelos, y reunir grupos de trabajo para abordar los problemas clave.
Las intervenciones versaron sobre tres temas principales: qué se debe conservar para los futuros usuarios, qué soluciones existen para los diferentes tipos de objetos digitales y quiénes asumirán las funciones y responsabilidades respecto a la preservación digital.
William Uricchio, de Massachussets Institute of Technology, (Moving beyond the artifact: Lessons from participatory culture) realizó un análisis sobre cómo las nuevas tecnologías han transformado la manera de generar, distribuir y modificar la información.
Según Uricchio, los textos estables han dado paso a documentos elaborados de forma cooperativa y en continua evolución, y la cultura como conjunto de objetos jerarquizados a la cultura como práctica comunitaria.
Para él, la conservación del patrimonio requiere ir más allá de la preservación de materiales estáticos (equivalentes a los que se han custodiado hasta ahora), para intentar conservar el propio sistema de interacción, el cual es tan importante como los documentos a los que da lugar.
David Bearman, presidente de Archives & Museum Informatics (Why selection and digital preservation are an issue) opina que trasladar a estos nuevos materiales los procedimientos de selección, adquisición y custodia que se han aplicado tradicionalmente desde las instituciones de la memoria tiene poca efectividad y da lugar a procesos costosos, redundantes y sin resultados positivos.
Para Bearman, en el entorno digital la selección no tiene que ir unida a la custodia: se pueden almacenar de forma segura una serie de copias, distribuidas en red, y su migración puede llevarse a cabo de manera dispersa pero universal, mediante “virus virtuosos” respetuosos con el original.
Y aclara que esto deberá combinarse con la expansión del dominio público, con nuevos sistemas de propiedad intelectual y de licencias de uso.
Se debe diseñar el espacio y los medios para la preservación digital, es decir, una “ecología del patrimonio digital”.
La propuesta de John Mackenzie Owen de la Universidad de Amsterdam (Preserving the digital heritage: roles and responsibilities for heritage repositories), parte de la idea de que los objetos digitales presentan características radicalmente distintas al constituir una categoría diferenciada de las otras formas de patrimonio. Por ello, deberían depender de un nuevo tipo de entidad (no de bibliotecas, museos o archivos) cuya creación podría promover la propia UNESCO.
Catherine Lupovici, de International Internet Preservation Consortium (Web archiving and cultural heritage missions. To select or not to select?), explicó que las experiencias de recolección de sitios en la red muestran que
en la captura masiva es imposible procesar el contenido almacenado, mientras que en la recolección selectiva y temática el tratamiento es similar al proceso catalográfico tradicional, aunque salvan mucho menos material que la captura masiva.
Lo que Lupovici propone es el archivo masivo desde Internet, realizado mediante procedimientos automáticos, combinado con el depósito legal para los contenidos que no pueden capturarse porque no están libremente accesibles (Internet profunda).
En cuanto a la preservación de las revistas electrónicas, Erik Oltmans (KB international e-Depot: An electronic archiving & preservation service) explicó cómo la Koninklijke Bibliotheek ha construido acuerdos con las varias editoriales de revistas electrónicas para conservar copia de sus productos.
Estas publicaciones deben incluirse en un sistema de depósito electrónico, con formatos estándar que permitan su preservación. Su custodia permite verificar su integridad y continuidad, restringiendo el acceso para no perjudicar a las editoriales. De esta forma se asegura a la comunidad científica que sus trabajos seguirán disponibles en el futuro, pues si la empresa dejara de ofrecerlos, la KB tendría derecho a distribuirlos.
Ute Schwens (Creating a network of roles and responsibilities for digital preservation in Germany- NESTOR) expuso las funciones de NESTOR, Network of Expertise in Long-Term Storage of Digital Resources. Con esta plataforma se podrá disponer de una red de información en torno a las actividades de preservación digital que permitirá poner en contacto a los distintos sectores implicados, dar a conocer los proyectos, estrategias y modelos, y reunir grupos de trabajo para abordar los problemas clave.